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  CAPITULO 14. Interrogatorio.
 
CAPITULO 14. Interrogatorio.

Astaroth volvió a cambiar de forma mientras se dirigía a la sala de interrogatorios. Esta vez se transformó en un joven policía que acababa de ingresar en el cuerpo. También él acabó reducido a cenizas. Se acercó hasta la sala donde guardaban todos los expedientes, cogió el que le convenía y en cinco minutos entró en el despacho de Lutz. No tenía mucho tiempo antes de que la policía encontrara los dos cuerpos carbonizados así que rápidamente reunió a Joe y a Dilan en la sala de interrogatorios.
-Buenas noches soy el agente Morrison. El señor Lutz ha tenido que ausentarse por lo que me pidió que continuara yo con la investigación.- mintió.
Astaroth estrechó las manos de los chicos y se sentó frente a ellos. Abrió el expediente y lo leyó con cautela y serenidad esbozando cada pocos segundos una sonrisa maléfica que Joe y Dilan no captaron a simple vista. En un segundo cerró la carpetilla con un golpe brusco y seco que asusto a los dos jóvenes.
-Bien, por lo que he leído aquí, ustedes han denunciado la desaparición de cuatro chicas ¿No es así?
-Si señor. ¿Se sabe algo ya de ellas? – Preguntó esperanzado Dilan
-Puede que no estemos muy lejos de su paradero. Además hemos tenido un pequeño plan para averiguar con exactitud donde se encuentran. Podemos proceder ahora si lo desean.
-¿De qué se trata agente?
-Bueno, si usted tiene ahí su móvil, me gustaría que intentara contactar con las chicas de nuevo, solo para asegurarnos de que no se encuentren retenidas, aunque lo más probable es que así sea.
Astaroth se lo estaba tomando con mucha calma aunque en sus ojos rezumaba la ansiedad de encontrar a las chicas como fuera. Dilan cogió su teléfono y marcó uno por uno los números. Esperó durante unos cuantos tonos mientras ponía el manos libres.
-¿Diga?
-¿Luna?
La joven miró de nuevo preocupada a Magnus. Este la acompañó a un lugar apartado de la gran cabaña para ayudarla en su conversación con Dilan.
-Eh… Dilan ya puedo hablar.
-¿Cómo estás?
-Estamos bien. Ehh… ahora estamos en pleno centro de Nueva York, hemos salido a tomar algo –dijo astuta Luna, la verdad es que ya no hacía falta que Magnus la ayudara en este tipo de conversaciones.
A medida que el diálogo fluía con normalidad, Astaroth comenzaba a tener una borrosa visión de donde podrían encontrarse las chicas y si estaban en compañía.
-¿Cuándo váis a volver? – dijo ansioso Dilan
-No lo sabemos. Además Evelin sigue como sigue, ya sabes. – Joe se preocupó con ese tono de voz de Luna. – Pero no te preocupes supongo que a finales de este mes volvamos.
-¿Sabes qué Luna? A veces pienso si es que os habéis hartado de mí… Si soy mal amigo…
-No, no Dilan!! ¿Pero que tonterías dices? ¿Es por eso por lo que crees que nos hemos ido?
-A veces pienso que sí – dijo triste Dilan.
Astaroth cada vez vislumbraba mejor las imágenes. Estaba confuso, eso no era para nada Nueva York, era demasiado rural como para tratarse de una pequeña ciudad. Pronto le hizo un gesto a Dilan para que continuara hablando.
-Luna, ¿de verdad que no me mientes?
-No me gusta mentirte y lo sabes. – repuso Luna
-En ese caso pásame a Sophie, quiero hablar también con ella.
Magnus previendo lo que iba a ocurrir ya había ido a buscar a Sophie a la cabaña donde descansaba Javi. Luna le pasó el teléfono.
-Eh Dilan!!! ¿Cómo vas?
Los dos chicos se sorprendieron del tono de voz de Sophie. ¿Acaso les estarían diciendo la verdad y en realidad no estaban secuestradas?
-Os echo de menos.
-Nosotras a ti también loco
Sophie aunque estuviera aparentemente eufórica no podía dejar de llorar. Astaroth por fin supo el lugar en el que se encontraban. Isla de Pascua. Rodeadas de cientos de personas, acompañadas por Magnus y los cuatro reyes. No, Astaroth no podía ir allí. No sin su ejército. No, aún sabiendo que poco después se reunirían con La Alianza.
-Siento desconfiar de vosotras, pero sigo sin creer que estéis bien – volvió a hablar Dilan
-Dilan, ¿Recuerdas lo que hablamos cuando tuviste el accidente de moto?
-Si – dijo en un susurro.
-Siempre vamos a estar a tu lado.
Dilan no comprendía a qué se refería con esas palabras. El caso es que le tranquilizó pero le dejó confuso, le hizo sospechar aún más. Esa frase solo la decía cuando algo iba mal pero ella sabía que acabaría bien al fin y al cabo.
-Tengo que colgar Dilan. Por cierto si ves a Joe, dile que Evelin y Miley están bien.
-Claro, se lo diré
-Confía en nosotras. – volvió a repetir Sophie y esta vez colgó. Sophie le entregó el móvil a Luna y se abrazaron.
Astaroth lo tenía claro. Todo estaba listo y a punto de empezar. Sonrió con malicia y volvió a hablar.
-Creo que me he hecho a una idea de donde pueden estar vuestras amigas, aún así debo entregar la conversación a los de “Científica”- Joe y Dilan sonreían ilusionados. – Estamos muy cerca.
Astaroth se levantó de la silla y estrechó de nuevo la mano a los dos jóvenes.
-Gracias por su ayuda agente Morrison, no sabemos cómo agradecérselo. – respondió Joe que no había abierto la boca para nada durante ese rato.
-Se equivocan, el agradecido soy yo. Han colaborado muy bien. Buenas noches.
Astaroth cerró la puerta de la sala de interrogatorios tras él y en un rápido movimiento se volvió a transformar en Lutz para esquivar al recepcionista. Una vez fuera de la comisaría, se desvaneció dejando el lugar en un macabro silencio. Una pareja iba caminando por el paseo contiguo al aparcamiento de la comisaría. Vieron que de uno de los coches salía una pequeña columna de humo. Se acercaron preocupados.
-E h oiga amigo, creo que el motor se está chamuscando - dijo el hombre a la extraña sombra que se encontraba en el asiento del piloto.
Se acercaron al coche por si aquel hombre no le había oído a causa de que las ventanillas estaban cerradas, y cuando lo hicieron la mujer que le acompañaba profirió un terrible grito que recorrió las inmediaciones de la comisaría al ver el monstruoso cuerpo carbonizado del agente Lutz.
Astaroth siguió el rastro de Joe y Dilan hasta el colegio mayor donde residían. Con sigilo se adentró en los dos pisos de los jóvenes intentando captar algo con lo que las chicas pudieran picar el anzuelo, todas, o al menos una de ellas. Recorrió todas las habitaciones, rebuscando entre cajones y cajas, viendo todas y cada una de las fotos que había en los pisos, regalos, objetos personales... todo lo que pudiera encontrar sería de utilidad. En uno de los cajones, encontró una foto de Joe y Evelin abrazados en una fiesta de disfraces. Se la guardó en el bolsillo, luego en casa de Dilan encontró una foto en la que salían el propio joven junto a Sophie, Luna y la otra amiga de Evelin, Miley. Al menos ya sabía cómo eran sus rostros por fin. A pesar de la imagen que tuvo cuando Dilan hablaba con dos de ellas, no lograba verlas a ellas. Le resultaba imposible. El maldito Magnus las intentaba proteger. Debía destruirle a él primero, así sería más fácil acabar con esas aprendices de pacotilla. Desapareció de allí como un rayo, pero tras el dejó su furia. Una gran tormenta eléctrica se cernió sobre la ciudad. El aguacero provocó inundaciones en bajos y garajes. En su trayectoria de vuelta a su tosca y mugrienta cueva, dejó el símbolo de la destrucción, volcanes, terremotos, maremotos… estaba realmente enfadado.







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