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  CAPITULO 2 – EL COMIENZO DEL CAMINO.
 


-¿Sophie? ¿Estás bien? – pregunto asustada Luna
-Vámonos de aquí
Sophie había agarrado el brazo de Luna muy fuerte incluso podía notar como su uñas se clavaban a través del jersey. Sus ojos se salían de sus órbitas estaba muy asustada. Casi toda la gente que estaba en esos instantes en el comedor se habían agolpado alrededor de ellas y cada poco se escuchaban cuchicheos. Luna levantó a Sophie del suelo con ayuda de Dilan y se la llevó a casa.
-Después de clase os veo chicas – dijo preocupado mientras le acariciaba la cara a su amiga.

De camino al piso, Sophie no paraba de darle vueltas a la visión que acababa de tener. Luna la miraba de vez en cuando para ver si se encontraba mejor, aunque lo único que lograba ver era la cara de shock de Sophie. Al fin llegaron a casa y Luna le preparo el baño a Sophie para que se relajara un poco mientras ella preparaba tila. Después de dos largas horas, Sophie salió de su relajante baño y tras terminar sus deberes una hora después y se sentó en la cocina frente a Luna.
-¿Quieres hablar de lo que pasó? – dijo comprensiva Luna.
-¿A parte de que he quedado en ridículo delante de todo el mundo?... - vio como Luna asentía, así que tomo aire y comenzó a relatar su sueño. - Verás… antes de caer al suelo… sentí un dolor punzante en el tatuaje, luego… caí al suelo y empecé a notar como si… como si estuviera envuelta en fuego. Era horrible… y luego ese sueño tan raro…
-¿Un sueño? – preguntó confusa Luna.
-Si… - se levantó para mirar por la ventana y continuó. – Era todo muy extraño… ¿Recuerdas cuando fuimos a Marruecos, bueno a Rabat de viaje de fin de estudios con el instituto?
Luna asintió con la cabeza. Se cruzo de brazos para continuar escuchando a su amiga.
-Pues yo caminaba por las calles de Rabat, pero lo increíble es que en realidad no era Rabat…
-Me he perdido – dijo Luna- ¿Cómo que no era …?
-No, eran las calles de Rabat, pero en realidad estaba en otra ciudad, no sé explicarlo… Bueno el caso es que, camine por la calle, pero todo estaba desierto, no había nadie… Entre en un gran palacio… y encontré a un chico…
-Uyy cuenta cuenta!!! – dijo ahora con más interés Luna
-Aquel chico… parecía un príncipe y llevaba algo extraño en sus manos… como una especie de cajita, o un joyero no se…brillaba muchísimo y parecía que estuviera envuelto en llamas, podía sentir el calor que desprendía ese objeto… y luego me convertí en él y…
-¿Y?
-Me clavaron una daga en el pecho, bueno a él… sentí el dolor… y como caía la sangre por la ropa…
Sophie comenzó a llorar aterrorizada. Luna le abrazó.
-Tranquila, solo ha sido una pesadilla, pero aun así deberíamos ir a que te vea un medico, te quedaste con los ojos en blanco y eso no es muy normal.
-Bueno pero mejor mañana, ahora solo quiero dormir… ¿por cierto que hora es? – dijo aturdida Sophie
-Casi las ocho, no te preocupes, ve a dormir, me quedaré para esperar a Dilan, aunque no sé para qué… Mientras tanto me engulliré palomitas y veré alguna peli que pille en la tele, descansa.
-De acuerdo, hasta mañana entonces.

Sophie se encerró en su cuarto y se quedó dormida enseguida. Luna cogió un cuenco y lo llenó de maíz, seguidamente lo metió en el microondas durante unos minutos y después se acomodó en el sofá para ver una película. La verdad es que se aburría bastante. Mientras sus amigos estaban de fiesta, como era habitual un viernes por la noche, Luna tenía que velar por la salud de Sophie.
-Vaya día de desmayarse… podría haberlo hecho el lunes – pensó para sí misma Luna.
Poco a poco sintió como el sueño se apoderaba de ella y sin poder evitarlo notó como sus ojos se cerraban pesadamente. El sonido de unas llaves la desveló. Era Dilan que volvía de una noche divertida. Luna no se había percatado de que habían pasado tres horas. Se fue a su habitación y se tiró en la cama sin ganas de ponerse si quiera su pijama. Volvió a cerrar sus ojos…

Una tenue luz blanca deslumbraba a Luna aunque tuviera los ojos cerrados. Intentaba abrirlos pero la luz le hacía daño. Como pudo, sus ojos al final se acabaron por acostumbrar y lo que vio fue realmente hermoso. Había nevado. Rápidamente se puso sus botas y se echó la gabardina por encima del pijama. Era una mañana preciosa de invierno. La gente aún no se había levantado. Luna comenzó a correr por la calle y a revolcarse en la nieve, haciendo ángeles y muñecos de nieve. Se volvió a levantar y entro en la casa.
-Chicos, chicos – entro gritando emocionada- Ha nevado!!! Vamos perezosos levantaos!!
Abrió las puertas de sus dormitorios y no encontró a nadie.
-¿Chicos?
Les busco en la cocina, en el salón, en el cuarto de baño… nada. Esto no tenía buena pinta. Luna volvió a salir a la calle y como ella esperaba nadie estaba fuera. No se veía tampoco ni un solo coche. Se giró a varios lados y no vio a nadie…
-¿Hola? - Solo pudo escuchar el eco de su voz
Siguió caminando a lo largo de toda la calle.
-Ayúdame…
Luna se asustó al escuchar un susurro a su lado, pero sin embargo cuando se giró no vio a nadie.
-Ayúdame…
Luna asustada se volvía loca intentando averiguar de dónde procedía aquella voz. Cada vez la escuchaba más cerca, y sentía como su tatuaje le quemaba la piel, hasta que una sombra se abalanzó sobre ella. Tenía aspecto de un hombre, sin embargo la mitad de su cara estaba desfigurada y la otra no. Se cubría su cuerpo con una túnica negra y una capucha que caía sobre su cabeza.
-Ayúdame .- ahora la voz era perfectamente audible.

Luna se despertó gritando, empapada de sudor y respirando con alguna que otra dificultad. Sophie entró en su habitación para ver lo que ocurría.
-Luna, ¿pero qué te pasa?
-Ay Sophie!! – Se abrazó a ella llorando – Mi tatuaje… quemaba, ese hombre…
Luna no era capaz de decir una sola frase completa. Estaba aterrorizada y sus ojos lo reflejaban todo.
-¿Pero que te ha pasado? Cuéntamelo.
Luna le narró todo su sueño, pero lo que más le sorprendió a Sophie era que Luna también había sentido el mismo ardor en su tatuaje.
-¿Crees que lo que hemos soñado tiene algo que ver con…? – dijo Sophie
-¿Con el tío de la cueva?, no lo sé, pero estoy empezando a pensar que sí.
Se miraron asustadas. Por suerte Dilan no se había despertado con los gritos de Luna. De repente escucharon un ruido extraño procedente del salón. Luna y Sophie salieron juntas a ver lo que ocurría. Todo estaba a oscuras.
-¿Dilan? ¿Eres tú? – preguntó Sophie cohibida.
Se hizo un silencio estremecedor. Tan solo podían escucharse sus respiraciones nerviosas. El suelo comenzó a temblar. Las chicas intentaron mantenerse en pie, pero su intento fue en vano. El suelo se abrió bajo ellas y cayeron.

Al abrir sus ojos se encontraron en otro lugar.
-¿Dónde estamos? – dijo Luna
-Oh no otra vez aquí no!! – dijo desesperada Sophie. – Esto no puede estar pasando.
De alguna extraña manera, volvieron a la cueva de hielo en la que aquella misma mañana había estado. El mismo atractivo hombre que vieran también aquella mañana, se encontraba sentado en el mismo trono de hielo…
El hombre suspiró y bajó lentamente por las escaleras de hielo y se acercó a ellas.
-Espero que ahora creáis que de verdad estáis aquí – sonrió amablemente. – Mi nombre es Magnus Torossidis. – tendió su mano para saludar a las chicas y éstas amablemente le saludaron. – Os estaba esperando, por favor seguidme.
Sophie y Luna se miraron y rápidamente le siguieron.
-Como creo que he de esperar… ya habréis tenido vuestras primeras visiones… ¿Me equivoco mis queridas Sophie y Luna?
Las chicas se quedaron sorprendidas.
-¿Cómo sabe todo eso? – preguntó sorprendida Luna
-Yo lo sé todo – respondió sonriente Magnus.
-Entonces si usted lo sabe todo… - dijo Sophie.
-No me llames de usted, me hace mayor.
-De acuerdo, si tú sabes todo… sabrás lo que significan esos sueños… ¿No es así?
-Por supuesto querida.
-Entonces, en ese caso… quisiéramos saber lo que significan… - dijo un poco cortada Luna.
-Eso está hecho, por favor tomad asiento.
Magnus movió una de sus manos e hizo aparecer dos sillas de hielo para las jóvenes. Se quedaron con la boca abierta al ver aquello… aquel suceso… o como lo quisieran llamar. Se sentaron.
-Mostradme vuestras manos. – dijo Magnus. Las chicas obedecieron. Magnus observo las palmas durante unos instantes y prosiguió. – Si… era lo que yo pensaba. Veréis… vuestros sueños, son en realidad visiones. Me temo que, de momento, dos de los reyes de Los cuatro signos de la Luz saben de vuestra existencia y no han podido evitar pedir vuestra ayuda.
-¿Pero qué tenemos de especiales? ¿Qué demonios son Los cuatro signos de la luz?
Magnus sonrió. Al fin había logrado captar el interés de las chicas.
-Veréis, todo comenzó hace millones de años…

[FLASH BACK]
… La Tierra era aún joven, no llevaba ni siquiera ni un eón de vida. Estaba sumida en la más terrible de las oscuridades, con terribles monstruos poblándola. Para evitar su decadencia, los reyes de los cielos decidieron crear la luz, con los cuatro elementos más importantes del planeta: el fuego, el agua, la tierra y el aire. Vieron que la luz era buena, que daba mejor vida al hermoso planeta azul. Así que para preservarla decidieron guardar los cuatro elementos… guardarlos en objetos perfectamente sellados y confinarlos en los seres humanos que luego poblarían el planeta, no cualquier ser humano, si no a los cuatro elegidos, los reyes de “Los Cuatro Signos de la Luz”… Durante siglos estos hombres han sido venerados dejando a su descendencia su don divino… desde la edad de piedra, hasta la era de los grandes faraones, aztecas, emperadores chinos y príncipes europeos… Desde entonces no se sabe ni se ha vuelto a saber nada de ellos…
[FIN FLASH BACK]





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