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  CAPITULO 15. La ciudad de la luz.
 


La mañana siguiente a la gran noche en la aldea de los Mahalets, los reyes junto con Magnus y las chicas tomaron rumbo a la misteriosa Ciudad de la Luz, la situación secreta de la sede de la Alianza. No había más tiempo que perder. Tan solo contaban en esos instantes con 11 días para que las chicas aprendieran lo necesario para derrotar a Astaroth, o al menos intentarlo, en el peor de los casos.
Unas 6 horas de viaje bastaron para llegar a un lugar recóndito del sur de Europa, situado entre majestuosas montañas llenas de vegetación espesa. El grupo encabezado por Magnus se dirigió a la entrada de una gran caverna jamás registrada en las cartas topográficas de la región. Durante una larga hora exacta caminaron por las innumerables galerías dirigiéndose a las entrañas de la Tierra. Hasta que al fin, llegaron. Una luz tan intensa que superaba a la del Sol, comenzó a brotar en la boca una de esas galerías. Magnus y los reyes estaban acostumbrados a esa intensidad lumínica pero las chicas dieron unos 20 pasos a ciegas hasta que sus ojos se acostumbraron. Jamás en sus 18 o 19 años de existencia, hubieran imaginado un lugar como ese. Era otro mundo, otra Tierra situada en las entrañas del planeta. Había cielo, rojizo por el atardecer… y lleno de nubes blancas y espesas, como el cielo habitual de la superficie; un inmenso océano que se prolongaba hasta el infinito… arena, viento… plantas… Un mundo típico sacado de las novelas de Julio Verne. Las chicas estaban viviendo su propio “Viaje al centro de la Tierra”. Y sus habitantes, los más raros y hermosos… Sin duda una historia de ciencia ficción que superaba la propia realidad. Los unicornios corrían en manada por las extensas praderas pobladas de gigantescos árboles que se movían a su libre elección, pegasos sirviendo como ayuda en las labores del campo de los peculiares agricultores del lugar, minúsculas ninfas que se encargaban de hacer florecer las flores más hermosas y de que los pastos estuvieran siempre verdes… Cascadas de incalculable altura, ríos plagados de vida, aire fresco de las montañas nevadas…
Las chicas no dejaban de asombrarse a cada paso que daban. Mikel disfrutaba de la cara que solía poner Evelin cada vez que descubría algo… Se acercó a una de las ninfas hablándole en susurros y con un asentimiento esta le entregó una flor de extremada belleza a Evelin. Mikel sonrió cuando ella olfateó la dulzura de aquella flor.
Poco a poco todo el grupo caminaba entre las casas que guardaban armonía con el entorno. Nada desentonaba, todo en perfecto equilibrio. Las gentes observaban con asombro a los recién llegados, y cuando reconocieron a Magnus, todos se postraban ante los visitantes. La noticia de la llegada de las nuevas Guardianes había corrido como la pólvora y más cuando se sabía que existía la gran mínima posibilidad de que Astaroth iba a ser derrocado y que los signos volverían a formar parte de sus legítimos reyes.
Sophie y Basty aguantaban el peso de Javi que aún caminaba con dificultad. Ella no se separaba de su lado en ningún instante, algo que él tampoco le permitía y además agradécía, tanto que desde aquella noche hablaban con educación entre ellos, sin tiranteces. Sin ninguna prisa fueron llegando ante el gran palacio blanco que sobresalía sobre las preciosas casas de la ciudad. Estaba iluminado con luz natural, y una pequeña neblina blanca rodeaba sus muros. Era como el típico castillo de un cuento de princesas.
En la puerta y haciendo un pasillo, miles de soldados estaban colocados en los lados de una larga alfombra roja de terciopelo que conducía al interior del palacio. Luna y Miley sonreían ante el gran recibimiento. Magnus, abriendo la comitiva saludaba con su cabeza a un lado y a otro. Por fin entraron en una gran sala llena de asientos, todos ocupados. Ony les explicó a las chicas que todas aquellas personas reunidas eran los antiguos reyes y reinas de los Cuatro Signos de la Luz, que ahora se dedicaban a enseñar a los nuevos aprendices de Guardianes; lo que les convertía en Maestros de los Cuatro Signos. Cada uno impartía lecciones sobre el signo sobre el que hubieran reinado, tantos maestros como disciplinas se impartían. Después las otras personas distribuidas a lo largo del resto de la sala, se trataba de jóvenes alumnos.
Al llegar al final de la gran alfombra, la comitiva se paró y los reyes tomaron asiento.
-Bienvenidos a todos – Saludó Vladimir, uno de los maestros, concretamente uno de los antiguos reyes del signo de Aire. – Magnus es una alegría tenerte de nuevo aquí.
Su voz de terciopelo difundió confianza entre las chicas, sabían que eran bien recibidas.
-Ah!!! Nos alegra tanto teneros por fin aquí queridas niñas!!! – respondió Irina antigua reina del signo de Agua– Os estábamos esperando con entusiasmo.
Irina, bajó de su trono para abrazar a las chicas, que se sonrojaron ante tanta cortesía. Hasta ese momento no se hacían la idea de lo importantes que eran, de lo especiales que eran para todos esos hombres y mujeres. Después de ese abrazo, Basty, Javi, Mikel y Ony ocuparon sus asientos entre la audiencia. Magnus subió a un gran atril dejando a las chicas en el centro de la sala.
-Ellas son Sophie, Evelin, Miley y Luna. Son las elegidas para formar parte de Los Guardianes de Los Cuatro Signos de la Luz. El motivo por el que estamos hoy aquí reunidos, es para informaros, tanto a reyes como a maestros y alumnos, es que la hora de que los signos sean devueltos a sus reyes, ha llegado. La profecía se ha cumplido, he sido testigo de cómo estas cuatro jóvenes, ya han empezado a utilizar sus poderes sin conocer su propia naturaleza. Todas han tenido visiones y Miley, la más avanzada, ha conseguido comenzar a controlar el poder de la orbitación.
Se formó un gran murmullo entre los alumnos. Era evidente que esas chicas no eran normales. Estaban predestinadas para la batalla, pues ningún alumno, pese a lo avanzado que fuera, lograba controlar ese poder en sus 8 años de formación.
-Aún no sabemos qué poderes controlarán cada una de ellas, aparte de los poderes básicos. Es una incógnita. Durante el día de mañana y el siguiente las someteremos a un examen intensivo de sus capacidades. No tenemos mucho tiempo por lo que se ruega a todos los alumnos que ayuden a sus nuevas compañeras en lo que necesiten cuando sepamos qué signo podrán representar. Ellas tendrán como maestros a los actuales reyes...
-Pero maestro Torossidis… – una joven alumna intervino – Las disciplinas en las que nos estamos formando, son imposibles de aprender en tan solo 2 semanas escasas, ¿En qué podemos ayudar a acelerar el proceso?
-Toda ayuda es poca, querida Bianca. Lo que aportéis cada uno será valioso. – Sentenció Magnus.
-Todos colaboraremos, Magnus. No te preocupes de nada. – habló de nuevo Vladimir.
-Además queridos alumnos, debo pediros que durante estos días aprendáis con más interés del que hayáis tenido jamás. Vosotros también intervendréis en la lucha, si las chicas fallan. Nada de esta batalla es segura. Puede fallar lo más esencial y entonces todo será en vano. No hay nada seguro, así que por favor, vuestra ayuda también es fundamental.
-Tranquilo Magnus, les patearemos el culo al tal Astaroth y al puñado de imbéciles que le siguen!! – grito Jason
-Jajajjaja Jason, me encantas tío!! - Magnus adoraba a ese alumno. Siempre tan positivo y lleno de energía. – Sin embargo debemos tener precaución. No lo olvidéis. De momento esto es todo. Vladimir te devuelvo la palabra.
-Gracias Magnus. – dijo asintiendo con su cabeza – Y ahora, mostremos las instalaciones a las “novatas”
A pesar de la apariencia clásica del exterior del palacio, el interior estaba dotado de las últimas tecnologías haciéndolo parecer un hogar del futuro. Cientos de aulas se distribuían a diestro y siniestro llenas hasta los topes de jóvenes aprendices. El número de alumnos congregados en la sala de bienvenida era tan solo la de una sola clase que podía contar con hasta 200 alumnos. Lo único que no cambiaba en el interior era el blanco impoluto de las fachadas exteriores. Durante toda la tarde continuaron visitando todo el palacio, ya fuera la sala de informática o las aulas de lucha, de lucha con armas o las aulas de prácticas mentales. Las chicas estaban maravilladas con todo lo que les mostraban. Algunos de los alumnos que también las acompañaban en su visita guiada hicieron muy buenas migas con ellas. Un chico que se acercaba demasiado a Evelin hizo irritar un poco a Mikel.
Durante la cena conversaron con todos como si hubieran formado parte de allí desde niñas. Todo era demasiado fácil en esos momentos antes de comenzar a trabajar en serio. El final de la cena de bienvenida llegó y todos los alumnos se fueron a sus habitaciones dejando a “las nuevas” a solas con Magnus y los reyes que también se dirigían a sus respectivas habitaciones.
Sophie acompañó a Javi a la suya para seguir cuidando de su herida, aunque a Vladimir no le gustó nada que esa chica entrara en la habitación de uno de los reyes… Primera desobediencia de las normas de La Alianza. Intuía algo en ella que no podía tolerarse.
Mikel acompañó a Evelin a su habitación. Durante el día la había notado algo triste y decidió hablar con ella.
-Evelin, ¿Podemos hablar? – La voz de Mikel en ese instante transmitía serenidad y confianza.
-Si, ¿Qué pasa?
-Te he notado algo triste hoy, y cuando llegamos aquí, tu sonrisa fue bastante forzada… ¿Te sientes mal?
Evelin veía venir la pregunta tarde o temprano, de parte de sus amigas o incluso de alguno de ellos… y tuvo que ser Mikel. Puso los ojos en blanco.
-Solo me preocupo por ti… - resolvió Mikel.
Evelin suspiró resignada. Mientras deshacía su maleta comenzó a hablar.
-Verás… Echo de menos mi hogar… y a…. – no quiso continuar – Aun que él no creo…
Mikel comprendió con algo de angustia esas palabras.
-¿Tienes novio? – su pregunta era inevitable a pesar de que intuía la respuesta.
-Si, bueno… no lo se.
-¿Cómo que no lo sabes? – respondió con una sonrisa amarga.
-No sé si somos o no novios… aún…
-Oh!! – musitó Mikel - ¿No os va bien…?
-Por favor Mikel… no quiero hablar de eso ahora ¿vale? Espero que me entiendas.
Evelin se levanto y abrió la puerta para invitar a Mikel para que se marchara. Este entendió el gesto a la perfección. Mejor sería hablar en otro momento. Al pasar por la puerta se dio la vuelta.
-Lo único que entiendo es que una chica como tu no debería estar triste por una tontería… Ojala me muestres de nuevo tu sonrisa… la de verdad. – Evelin evitó mirarle a la cara a Mikel - Buenas noches, descansa, mañana será un día muy duro.
Evelin cerró la puerta y se apoyó en ella llorando. Su llanto era tan ahogado que comenzó a toser sin parar, llevando el pañuelo de uno de los bolsillos de su pantalón hasta sus labios. Cuando por fin recuperó el aliento observó con horror su pañuelo lleno de sangre…






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