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  Capítulo 6: Vida tóxica
 
LIBRO 2 - ASHLEY


 
PROLOGO:
Dicen que la felicidad dura toda la vida, que es la base fundamental de toda constitución humana y espiritual, pero por mucho que se empeñen en afirmarlo, siempre habrá algo suficientemente caótico o doloroso que destruya esa supuesta eternidad de la felicidad. Es como una cuerda larga que “asegura” una gran firmeza. Pero como buenos humanos que somos, somos los animales más estúpidos del planeta. Dicen que somos capaces de tropezar una y otra y otra vez más en la misma piedra, y que jamás aprenderemos a encontrar otro camino para evitar ese maldito obstáculo. Somos unos auténticos ineptos, unos tercos y unos egoístas, pues nos tratamos como bestias entre nosotros mismos y seguiremos haciéndolo hasta el final de nuestra existencia. Y cuando crees tenerlo todo, haces la mayor estupidez posible y lo pierdes absolutamente todo… y luego nos lamentamos de todo lo hecho y deshecho, de lo estúpidos que hemos sido… y aparece ese dolor en el pecho como si una bomba acabara de estallar y la metralla se hubiera clavado en el corazón rasgándolo por completo… es entonces cuando la cuerda se rompe y caes inevitablemente al vacío… Nuestra vida empieza a carecer de sentido y dejas de luchar… y el tiempo pasa sin darnos cuenta, pero con una lentitud tan cruel, que sientes la aguja del segundero taladrándote las sienes, haciéndote pagar por todo el daño que has hecho. Y en esos instantes es cuando tu cuerpo, separado de todo resquicio mental, se siente vacío, sin vida… Miras atrás en el tiempo… jamás nada volverá a ser lo mismo, por mucho que nos empeñemos y lo intentemos, lo que está roto seguirá roto, lo que está frío seguirá frío… las noches se hacen más largas de lo que en realidad son. Piensas en un futuro esperanzador que no será posible sin un anterior pasado… Como si nunca hubiera existido… Por muy poco cuerdo o cuerda que estés siempre recordarás el motivo por que el que tu felicidad se rompió y esa es la tortura más cruel a la que puedes ser condenado…


 
Capítulo 6. Vida tóxica.

No me había parado a pensar hasta ahora de lo largas y angustiosas que se me hacen las noches desde hace algo más de un año. Nada ha cambiado, o algo sí, pero ahora ya casi ni se aprecia, por lo menos para otras personas, para mí sigue habiendo ese tremendo vacío que creo que jamás llenaré.
Antes de que toque el despertador, me levanto como puedo y cojo las muletas que me acompañan desde hace unos cuantos meses. La pierna me sigue doliendo una barbaridad y ya tengo ganas de que me quiten los malditos tornillos del hueso para poder seguir con mi vida normal… Bueno, normal, normal no, pero si un poco más tranquila, sin tener que depender las veinticuatro horas del día de mi madre. Tengo muchas ganas de volver a la reserva para patrullar con Herver, Lorh y Danny. Les echo tanto de menos…
Con una lentitud desquiciante me deslizo por mi habitación en dirección a la ventana, allí la luz del sol ilumina mejor los vendajes de mi pierna y veré mejor todo el proceso. Con cuidado voy despegando el velcro de la célula de neopreno sintiendo el dolor punzante de los tornillos clavados en el muslo. Siguen saliendo lágrimas de mis ojos para apalearlo, pero creo que jamás me acostumbrare, aunque haga esto durante mil años. Mientras cambio los vendajes y limpio las heridas, escucho el timbre de la puerta y como mamá camina rápidamente a abrir.
-Ashley cariño, ha venido Lorh a buscarte, ¿Te queda mucho?
Durante unos instantes miré por la ventana el precioso paisaje invernal del valle y como el sol recorría cada rincón a su antojo. Al fin salgo de mi fascinación.
-Dile que suba – grité un poco para que me oyera
Pocos segundos después escuché unos pasos subiendo las escaleras y lentamente dirigí mi mirada a la puerta que se abría con parsimonia.
-Buenos días Ash!!!– me saludó Lorh tranquilamente dejando una mochila en el suelo de mi cuarto.- ¿Has dormido bien hoy?
-No. – respondí – Creo haber perdido la cuenta de cuantas noches llevo sin conciliar el sueño.
-Pues hoy te veo con mejor aspecto – dijo ella intentando animarme - ¿Quieres que te ayude?
-Te lo agradecería – dije resignada.
Me dirigí a un pequeño sillón a la pata coja y me dejé caer, mientras Lorh me seguía con el bote de agua oxigenada y algodón de la mano. Puso un par de toallas en el suelo para no mancharlo y rápidamente dirigió un buen chorretón hacia mis heridas. Clavé mi cabeza contra el respaldo y proferí un buen grito mientras mis uñas se clavaban en los reposabrazos.
-Lo siento – dijo Lorh asustada al ver mi cara de dolor.
Estaba acostumbrada a ayudarme con las vendas, las curas y a que se llevara algún que otro grito, pero hoy estaba demasiado dolorida y el más mínimo roce me hacía sufrir con creces. Se levantó esta vez para abrir un poco la ventana y que entrara algo de frescor en la habitación. A continuación guardó todo en el maletín que mi padre me había prestado para guardar todos los utensilios y lo guardó en el armario. Pude ver como su mirada se dirigía ahora a mi mesilla de noche.
-¿Aún no te has atrevido a leerlo?
Lorh cogió el diario de Abigail acariciando el lomo mientras su cara se entristecía. Yo negué con la cabeza, avergonzada por no tener el valor de tan siquiera abrir el diario.
-Lorh, créeme que lo he intentado, pero no puedo… Es como si me fallaran las fuerzas… Me da miedo el hecho de pensar lo que puedo llegar a leer… Ahí están escritos sus dulces y últimos días de vida… No creo que pueda con tanto.
-No puedes seguir culpándote… Eso no te hace ningún bien. – me dijo Lorh arrodillándose delante de mi para hablarme
La miré a los ojos con la angustia haciendo acto de presencia en mí. Miré a la estantería repleta de libros y marcos de fotos. Allí estaba la última foto que me hice con mi mejor amiga… Dos días antes de su muerte. Era increíble lo contentas que estábamos aquella mañana. No se aún porqué, pero ese fue el día de las confesiones. Quedamos para hacer un camping, hablamos de todo, hasta de las cosas que jamás nos habíamos dicho aunque fuéramos intimísimas amigas, como hermanas… Se me pone el vello de punta de pensar que ella intuía su final… Tenía miedo de volver al pasado, recordar esos últimos felices días junto a ella, y miedo de saber que jamás volveré a verla. Pero me merezco este dolor. Solo yo me lo merezco.
-Bajemos a desayunar!!
Me senté en la silla a motor de la escalera que había instalado mi padre a raíz de salir del hospital. No era plan de tenerle de siervo continuamente subiéndome y bajándome todos los días y a todas horas. Cuando llegué abajo del todo, Lorh me estaba esperando con las muletas, las cogí y nos dirigimos a la cocina donde ya nos estaban esperando papá y mamá con un gran desayuno. -Buenos señor Kane!!
-Hola Lorh!! No te esperaba por aquí hoy. ¿Os vais de compras Ashley y tú?
-No papá, Lorh ha venido para llevarme a la reserva a hacer una visita a todos. Tengo ganas de salir y perder de vista mi habitación durante un día.
-Eso está bien cielo. – miró a su reloj – Es hora de que me vaya al hospital, hoy tengo programadas varias operaciones, Diane cariño no me esperéis para cenar – Se levantó cogió su maletín y se acercó a mamá para darle un beso. – Pasadlo bien chicas y dale recuerdos a tu madre Lorh!!
-Lo haré!!
Cuando Lorh respondió sentí una extraña sensación de “deja vù” que me dejó sin aliento. La hora del desayuno del día que murió Abigail volvió a mi mente. Lorh ocupaba ahora la silla donde un año antes lo hacía Abi, también la misma conversación entre mi padre y ella se repitió como una película rebobinada… Gemí lamentada ante la mirada preocupada de mi madre mientras le daba un bocado a mi tostada.
-Ashley cariño, ¿estás bien? – me preguntó mamá.
No respondí. Simplemente me quedé mirando como papá salía por la puerta y la cerraba tras de sí. A continuación me levanté con ayuda de mis muletas y me coloqué en la silla de la escalera para subir de nuevo a mi cuarto. Cuando llegué arriba me arrastré por el pasillo haciendo un sordo ruido con aquellos palos de aluminio y me encerré en el baño. Me senté en el borde de la bañera intentando respirar con tranquilidad. A pesar del tiempo que había pasado desde el accidente, seguían dándome ataques de ansiedad. Cogí una bolsa de papel que tenía guardada en el bolsillo trasero de mi pantalón e inspiré y respiré unas cuantas veces hasta que sentí como mi respiración se normalizaba. Pero si eso no era suficiente, sentí como el estómago me dio un latigazo horrible y me tuve que tirar encima de la taza del váter para vomitar. Jamás iba a lograr deshacerme de esa sensación de angustia que me hacía la vida imposible. Cuando acabé me levanté con cuidado para no marearme y despacio abrí el grifo y mojé mi cara dejando que el frescor del agua me aliviara y me despejara. Corté el flujo de agua y me quedé frente al espejo mirando mi reflejo en él. Era increíble como en cuestión de doce meses mi cara había cambiado tanto. Solía tener un rostro redondito, ojos color chocolate y unos labios perfectos, pero ahora todos estos rasgos fueron sustituidos por unas profundas ojeras oscuras, el blanco de mis ojos ahora estaba rojizo, mis pómulos se marcaban demasiado y mis labios estaban rasgados por mis dientes a causa de mi nerviosismo por falta de sueño… Incluso mi cuerpo había cambiado. Habría perdido unos diez kilos y la ropa me quedaba kilométricamente grande. A pesar del hambre que me devoraba siempre, no lograba dar más de dos bocados a la comida. Mi psicólogo me ha repetido hasta la saciedad que después de una desgracia, todo era normal… Sinceramente hubiera preferido morirme antes que tener que aguantar esta mierda de vida que me ha tocado vivir. Se que suena de cobardes, pero así son las cosas, así es como pienso ahora…
Descorrí el pestillo con cuidado de no hacer ruido y me dirigí, esta vez sí , a mi habitación. Recogí mis cosas, todo lo necesario para un día fuera de casa y lo metí en un gran bolso que Lorh me regaló para este tipo de ocasiones. Antes de enfilar las escaleras abajo, me volví sobre mis pasos y cogí el diario de Abigail y también lo guarde en el gran bolso.Lorh hizo aparición en la parte baja mientras la silla me bajaba pesadamente. Me acerqué a mamá y le di un beso para despedirme.
-Pásalo bien mi niña!! Y si necesitas algo llámame…
-Lo haré mamá, tranquila. – dije cortándole el discursito – ¿No te preocupes vale? Volveré a la noche. – dije ahora apresurada – Te quiero mamá!!
Lorh me ayudó a bajar las escaleras del porche y a subir a su todoterreno. Una vez dentro ella encendió su equipo de música y nos pusimos en marcha rumbo a la reserva.
Echaba de menos el frío de la calle, así que abrí la ventanilla dejando que el aire me despeinara. Disfruté muchísimo del paisaje. Normalmente cuando salía de casa estos últimos meses era solo para ir al hospital para mis sesiones de fisioterapia, y no hacía otra cosa más que ver casas, casas y más casas a excepción de algún que otro edificio un poco más alto, pero poco más. Me maravillaba ver de nuevo esas montañas por las que solía patrullar junto a Danny, Lorh y Herver. No se porqué pero algo en mi interior cambió en esos instantes, como si una llamita de alegría se encendiera. Era la libertad que me llamaba a gritos por todas partes. Oí una risita que procedía del lado del piloto.
-¿De qué te ríes? – dije confusa mientras me peinaba los mis dedos mi enredado pelo
-Me encanta esa carita que estás poniendo. Hacía meses que no te veía sonreír. – me dijo contenta Lorh
Miré de nuevo al frente con una gran sonrisa en mis labios, por unas horas podría olvidarme de lo rara y absurda que era ahora mi vida. Poco después Lorh cogió el desvío hacia la reserva. La emoción se iba apoderando de mí poco a poco. Regresaba a mi segunda casa y eso era motivo de felicidad, pero también allí me esperaban dolorosos recuerdos aunque quisiera negarlo y apartarlo de mi mente…





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