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  Capítulo 13: Perdidos
 
No le dirigí la palabra en ningún momento aunque por una parte quería saber a qué se refería Herver con la baja de Ashley. Tenía curiosidad por saber que le había ocurrido para haber estado tanto tiempo fuera de la reserva. Por unos instantes me oculté tras la pantalla del ordenador para estudiar su rostro sin que ella pudiera descubrirme y entonces me di cuenta de muchas cosas. Tenía el semblante frío y serio, unos ojos chocolate realmente tristes y un color bastante pálido de su piel, como si estuviera enferma y algo la estuviera devorando por dentro. De repente recordé la conversación que tuve con Herver el día de la carrera de trineos. Me habló del señor Kane… Ashley Kane… ella debía ser su hija. Ella debía ser la chica que tuvo el accidente… la amiga de la difunta Abigail. Entre tantos datos que venían a mi cabeza, llegué a la conclusión final. Ashley volvía de su baja por el accidente. ¿Pero tan mal ha estado como para no haber pisado esta oficina durante un año? Ahora si que tenía ganas de saber lo ocurrido o quizás no.
En la hora del almuerzo me reuní con Adam en la cafetería de la oficina y nos sentamos en unos sillones alejados de donde la mayoría de los empleados conversaban y tomaban su café.
-¿Cómo es que has llegado tan tarde y has venido en taxi hoy? – me dijo extrañado Adam – Te presté el coche no solo para el viaje a Toronto sino para que lo uses mientras consigues uno…
-De eso precisamente quería hablarte Adam – dije interrumpiéndole
-Oh, oh!! No me gusta esa cara… - dijo - ¿Qué has hecho? ¿Se lo has vendido a la mafia italiana, te lo han robado… ?
Se notaba que hablaba en un tono bromista pero en su interior empezaba a crecer un pequeño asesino que me descuartizaría en cuando le diera la noticia.
-Verás… - empecé – Cuando venía de camino a la oficina tuve un pequeño percance… - dije mordiéndome el labio - … y básicamente el parachoques trasero habrá que cambiarlo, pero no te preocupes – dije quitando importancia a la situación – una compañera de la oficina se hará cargo de los gastos.
-Oh dios, Christian!! – dijo lamentándose – mi coche preferido no… En fin – dijo resignándose - ¿Con quién tengo que hablar para dar parte al seguro?
-Con la novia cadáver de allí – dije apuntando a la barra – la del pelo recogido, con cara de verza.
-¿Ashley?
-Si, esa misma. Casi me mata, así que ten cuidado, menudo genio!!
-Oye Christian, te voy a advertir de una cosa. Ashley es mi mejor amiga y tu también lo eres, lo ha pasado muy mal, incluso creíamos que se moriría de pena… así que no quiero que hables así de ella ¿Entendido?
-Solo era una broma… - dije disculpándome.
-Tú no sabes nada… - dijo con una voz que me asustaba – No es buen momento para bromas.
Me sorprendió la manera en que me habló Adam, como si con mi humor negro le hubiera tocado alguna fibra sensible. ¿Qué mosca le había picado? Se alejó para hablar con ella. Durante unos minutos vi como entablaban un diálogo fluido con alguna que otra cara de arrepentida de la chica y unas cuantas miradas asesinas hacia mi persona. Parecía como si la culpa fuera mía. Me sentía realmente desquiciado con ese comportamiento, así que me bebí el café de un tragó y me largué al despacho a acabar con el trabajo que tenía.
Esa misma tarde pensaba quedar con Adam para ir con él hasta el taller pero dijo que tenía otros asuntos pendientes. Lo mismo intenté con Lorh y Danny pero ya habían quedado con Ashley. Parecía que todo el mundo me estuviera dando de lado por un comentario en plan coña, pero me estaba fastidiando bastante todo el temita.
El día siguiente fue igual de aburrido y enervante que el anterior, incluso el ordenador y la máquina de café estaban en mi contra. El miércoles Ashley no apareció por allí en todo el día, algo que sin saber por qué me dio una sensación de angustia. Pensé que Adam le había comentado algo de mi desagradable comportamiento hacia ella y quizás se hubiera molestado… ya no por el hecho de haber discutido a cuenta del golpe con el coche, si no porque probablemente no estaba recuperada mentalmente del accidente… Por tanto aquel día Adam, Lorh y Danny si podían ofrecerme conversación. Me pareció algo desagradable porque en ese sentido me consideraba un segundo plato. El jueves más de lo mismo y gracias a dios llegó el viernes. Herver me llamó a su despacho a primera hora.
-Siéntate Christian. – me dijo
Hice lo propio y mientras Herver buscaba y rebuscaba unos papeles por su escritorio yo me desperecé ya que aquella noche había vuelto a soñar con la maldita persecución de los lobos y no logré pegar ojo.
-A ver… - dijo al fin Herver sacando un mapa – Necesito que salgáis tú y Ashley a patrullar el norte de la reserva. La gente está pillando la gripe y tenemos varias bajas.
-No estarás hablando en serio…
-Christian!! – dijo en tono cansino Herver, dando por zanjado el tema.
-Vale, vale.
Me levanté y cogí las llaves del todoterreno que Herver guardaba en una gran caja con las llaves del resto de vehículos. Salí fuera y me encontré con la arpía que me había quitado a mis amigos.
-No entres – le dije – Herver nos envía a patrullar, así que venga... date prisa.
Me miró con cara de malas pulgas pero la ignoré. Arranqué el todoterreno y enseguida nos pusimos en marcha. Como el ambiente estaba demasiado caldeado puse un disco con los grandes éxitos de “Metallica” que me cogí la semana antes de volver de Toronto para ocasiones como esta. Pude ver de reojo cómo Ashley resoplaba y apoyaba su cabeza contra la ventanilla empañada.
-Creo que estás un poco anticuado – dijo con retintín.
-¿Perdona? Metallica nunca pasa de moda. – dije un poco irritado – Al final he conseguido que me hables sin que salga ningún insulto por tu boca…
-Imbécil – me soltó
-Hubiera preferido algo como “tío bueno” o “está genial este disco”… - dije picándola, pero volví a ver su cara blanquecina con sus ojeras marcadas y me volvió a entrar esa sensación de remordimiento y pena por ella – Oye… el otro día, creo que me pasé un poco con lo del coche…
Odiaba tener que ceder pero esta vez yo me había pasado dos pueblos, he de reconocerlo. Ella no tenía la culpa del golpe, solo fue un pequeño despiste por parte de ambos. Continuaba con su mirada perdida en el infinito, con una pierna flexionada contra su pecho y mordiéndose las uñas de la mano derecha. ¿Se estaba haciendo la dura conmigo ignorándome o es que no me había oído? Respiré hondo y dirigí mi mirada a la maltrecha carretera que cruzaba el bosque.
-No hace falta que te disculpes – me dijo al cabo de unos minutos con una voz bastante apagada – Es normal que te enfadaras, no era tuyo el coche...
¿Por qué me sentía tan rastrero? Las ganas de saber cómo ocurrió el accidente me estaban matando; no se por qué, pero quería saber más de ella. No sabía lo potente que podía llegar a ser mi parte cotilla.
-Bueno… ¿Llevas mucho trabajando en la reserva? – sabia la respuesta pero no tenía ni idea de cómo empezar una conversación civilizada con ella.
-Un par de años, quizá tres, no lo recuerdo…
-Ah!! – musité
-Oye, no tienes que fingir ser amable conmigo – me dijo – yo te caigo mal y tu a mi también… y ya está. No hay que buscarle tres pies al gato.
-¿Te caigo mal? – dije sorprendido y asustado – Ehh, si, si, tú también me caes fatal… - dije haciéndome el duro
Ella volvió a mirar hacia su ventanilla no sin antes pasar su manga por el cristal para quitar el vaho y poder ver. Paso sus manos por los brazos para calentarse.
-¿Tienes frio? – dije enseguida – Puedo poner la calefacción.
-No es necesario.
Volví a colocar mis manos en el volante y de refilón vi como ella encendía el climatizador. ¿Pero no me dijo que no tenía frio? ¿A qué demonios jugaba? Me estaba sacando de mis casillas. El parabrisas comenzó a empañarse a causa de la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior. Decidí en ese momento apagar la calefacción.
-Aún tengo frío… - dijo ella mosqueada
-Se empaña el cristal y no veo nada.
-Pues abre los ojos.
Ella encendió de nuevo el climatizador y por sus narices tuve que abrir un poco la ventanilla para no acabar asfixiado en la sauna en que había convertido el coche esa especie de diablilla que llevaba por copiloto. Ahora apagó el equipo de música.
-¿Pero qué haces? Esa canción era mi preferida
-Me duele la cabeza de escuchar tantos gritos…
Volví a encender la radio, ella la apagó… así unas diez veces y otra diez con el climatizador, hasta que el todoterreno empezó a hacer unos movimientos bastante raros y acabó por pararse en mitad de la carretera.
-Genial!! – salí del todoterreno ofuscado - ¿Has visto lo que has hecho?
-Yo no he hecho nada!!
Ashley se bajó y yo mientras abrí el capó inspeccionando cada centímetro del motor hasta que encontré una ranura por la que salía humo.
-Uff!! Tiene mala pinta… - dijo Ashley mientras apoyó una mano en el motor.
-Vamos a tener que pedir una grúa – dije dirigiéndome hacia la parte trasera del todoterreno donde tenía una bolsa con el walkie dentro. – No tenemos cobertura – dije abatido acercándome a ella.
En ese momento salió otra bocanada de vapor muy caliente y fue a parar en la mano de Ashley. Salió corriendo protegiéndose la mano con la que tenia libre. Corrí tras ella para ver lo que le había ocurrido en realidad.
-Tranquila, tranquila… espera, déjame ver.
-Me duele mucho… - dijo casi llorando a causa del dolor.
Cogí su mano y la examiné mientras ella seguía retorciéndose del dolor. Cogí un trozo de hielo limpio de unas ramas de un abeto próximo a la carretera y lo apliqué en la quemadura.
-No es un medicamento pero algo te aliviará. – dije empapando la zona quemada – Has tenido suerte, no es una quemadura grave…
No sé por qué, pero en esos instantes nuestras miradas se cruzaron. Nos quedamos absortos sin poder mirar a otro sitio, como si algo en sus ojos me atrapara, me hechizara…
Nos apartamos hacia el sendero y nos sentamos en el tronco de un abeto caído. Continué limpiando la herida y con un pañuelo le cubrí la mano para que no la rozara en ningún sitio involuntariamente.
-Gracias. – dijo ella.
-No tienes porqué dármelas… - sonreí
Me asustaba la facilidad con la que me mostraba tal y como era. Era un sentimiento extraño, cálido. Decidimos comenzar a caminar de vuelta a la oficina; aun nos quedaban por delante veinte kilómetros que era la cuarta parte del recorrido que deberíamos haber hecho en todo el día.
Serían aún las diez de la mañana y paramos para descansar después de una hora y media caminando. Cogí el walkie, pero aún no recibía señal para poder contactar con Herver. Encima estaba nublado y no había forma de orientarse. Según estaba el cielo, lo más seguro era que en pocos minutos comenzara a nevar.
- Me temo que estamos perdidos… - dije sin ánimo, sentándome al lado de Ashley - ¿Cómo va la mano?
-Mejor gracias… -dijo – Dime… ¿Cuándo te mudaste a Fort Franklin? Nunca te he visto por aquí – dijo con curiosidad y lo más importante, sin insultos ni groserías…
-Hará cosa de dos meses.
-¿Y por qué viniste? – la miré incrédulo por su repentina curiosidad. Ella se mordió el labio avergonzada. – Bueno, responde si quieres, no quiero molestarte…
-No, no es molestia… - si lo era, pero no quería ser grosero – Vine aquí para cambiar de aires… tener una nueva vida.
-Te iba mal allí de donde vienes...
-No me iba mal hasta que…
-Hasta que… algo salió mal ¿no?
-Si… Mi padre… era alcohólico y… contrajo muchas deudas. – sentía aquel nudo en la garganta que siempre me perseguía fuera a donde fuera, eso no podría cambiarlo. – Tuve que hacer cosas malas para poder cancelar préstamos en los bancos.
-Cosas malas como qué…
La miré casi sin fuerzas para contestar. Tenía miedo a que se alejara de mí ahora que había conseguido llamar su atención.
-Tuve que robar… en una joyería… - ella me miraba, no estaba asustada ni nada que me hiciera sospechar que desconfiara de mí - … tuve la mala suerte de que me pillaran y me metieron en el trullo durante tres años… Yo no quería ayudar así a mi familia, pero no tenía otra forma. En noviembre salí de allí y cuando llegué a casa, todo estaba patas arriba… Nada quedaba de la familia que había dejado tres años antes. – me miraba con pena pero me daba igual, intenté concentrarme en respirar – Mi madre había fallecido y mi hermana se largó a Alemania dejando a mi padre solo y enfermo. Hace unas semanas que lo he enterrado junto a mi abuela…
-Cuanto lo siento… - dijo cogiéndome la mano.
-¿Y tú? – dije refiriéndome a su vida - ¿Por qué estás siempre tan triste?
Se quedó sorprendida mirándome a los ojos. Quería hablarme pero sus palabras no salían.
-Na… nadie en más de un año se ha dignado a preguntarme algo así… - dijo como ida – eres la primera persona fuera de mi grupo de amigos o mi familia que se preocupa por mí… por cómo estoy.
-Me sorprendí al verte tan apagada. Así que supuse que tu también lo has tenido que pasar mal… creo.
-Es algo que no quiero recordar… espero que lo entiendas. Quizás cuando tenga más fuerzas… te lo cuente.
-No te preocupes. Te entiendo.
Me sonrió. Fue algo que no me esperaba y que me agradó. Se sentó más cerca de mí y pasé uno de mis brazos por sus hombros, ya que estaba tiritando de frio. Nos quedamos mirando al valle que daba al lago, al menos lo poco que se veía tras la niebla. Sentía que compartíamos un sufrimiento, quizás no el mismo, pero tan doloroso que nos costaba desprendernos de él. Por unos instantes nos comprendimos… fuimos uno, siendo dos. Ahora no me importaba saber lo que le ocurrió a Ashley, me importaba que empezara a olvidarlo. Yo quería ayudarla.




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