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  CAPITULO 23: DESAFIO
 

Abracé a Aby para consolarla sin importarme lo más mínimo el dolor de las dentelladas en mi cuerpo. No sabía por qué, pero me unía a ella la sensación de proteger a mi “hermana”. Una hermana que jamás había tenido… un lazo familiar que se había ganado a pulso debido a las circunstancias y a todo lo que ella había hecho por mí… En mi mente había demasiadas cosas importantes que tenía que resolver antes de pasar a mi nueva vida, pero sin duda, la desaparición de Chelsea, una de las razones que Aby tenía para seguir viviendo, además de Ray, ahora iba a convertirse en una de mis prioridades. Iba a ayudarles a encontrarla. Se lo debía. Pero no iba a ser tan sencillo. Necesitaba un plan y lo necesitaba ya.

-Aby… shhh, eh! No llores…

Unas manos protectoras se aferraron a sus hombros y la apartaron de mí. Observé que Ray había regresado después de poner a salvo a Ashley. Su rostro serio emanaba dolor y rabia. Aunque trataba de ocultarlo, él estaba tan desesperado o más que Aby, y eso me sorprendió. Bien es cierto que los padres sufren cuando sus hijos tienen problemas graves, pero él se veía derrotado, débil… Un lobo alfa débil era carne de cañón, y él ahora lo era. Yo sabía lo que esos tres lobos se proponían: debilitar a Ray y como consecuencia a toda la manada… y así poder acceder hasta mí y liquidarme. Muy bien pensado. ¿Querían guerra? Pues ahora la iban a tener. Yo no voy a dejarme pillar tan fácilmente.

- La encontraremos, te lo prometo, mi amor…

Ray cogía su carita con ternura como si fuera una delicada muñeca de porcelana. Apoyó su frente para mirarla a los ojos y la besó. Él temblaba y ella agarraba su cazadora con los puños cerrados con fuerza. Nada se oía en el bosque en ese instante. Era sobrecogedor y me puso los pelos de la nuca como escarpias. Poco a poco, el resto de la manada se retiró y yo hice lo mismo.

-Estaremos en contacto chicos…

Hice que mi voz interior sonara en sus mentes mientras caminaba a paso firme a ver a Ashley.

 

Y de pronto me encontré parado frente la puerta de su casa. En ese momento me sentía como si estuviera en una película. El chico espera impaciente a la puerta de su amada, deseando contarle toda la verdad, deseando decirle que escape con él fuera del alcance de todo peligro, vivir su historia juntos sin preocupaciones… en definitiva, vivir una vida de cuento, sin dolor, sin sufrimiento… Pero esto no era una película, era la cruda realidad, una realidad que me asustaba, pues, ¿qué humano es capaz de no volverse loco ante algo tan grande y oscuro que pronto tirará por tierra la vida que conocía hasta ahora?

Salí de mis cavilaciones y enfilé el caminito que cruzaba el jardín. Golpeé sin miedo la puerta con mis nudillos y esperé… No oía nada. ¿Y si Ashley estaba sola y aún inconsciente? Los minutos pasaban y decidí volver a llamar, esta vez con más intensidad, cuando de repente la puerta se abrió y una mujer rubia y con aspecto serio apareció en la oscuridad de la entrada. La señora Kane.

-Eres Christian ¿Verdad?

Su voz fría como el hielo me dejó petrificado sin saber qué decir. Su expresión corporal imponía mucho, de brazos cruzados y firme en medio de la puerta, parecía estar analizándome, decidiendo si dejarme entrar o no. No se por qué pero algo me decía que su sexto sentido sabía que yo podía suponer un problema para su hija. Todas las madres tienen esa mirada cuando saben que algo va mal, todas las madres miran así al novio de su hija, al novio “sospechoso” de su pequeña. Por un momento me sentí incómodo por esa mirada inquisitiva, pero no la culpo por preocuparse de Ashley, no, eso me hacía admirarla porque sabía que ella haría lo imposible por protegerla, como yo… La observé con ansiedad buscando una señal que me dijera si Ash estaba bien o no. Ella suspiró exasperada cambiando su posición y señalando con su brazo hacia el interior.

-Pasa.

Tragué saliva nervioso y asentí con la cabeza amablemente.

El calor de la casa pronto invadió todo mi cuerpo, algo que mis mejillas agradecieron pues ya empezaba a sentir el dolor de la congelación. Ese día hacía un frio terrible para ser casi primavera, algo demasiado raro… aunque en este lugar ¿qué cosa no era extraña?

-Tiene una casa preciosa señora Kane…

No terminé mi frase cuando ella me interrumpió.

-Siéntate, por favor.

Volví a tragar saliva ruidosamente e hice lo que me pidió. Me quité con tranquilidad mi abrigo y lo dejé a mi lado. Ella se sentó en el sofá que había frente a mí y juntó sus manos sobre su regazo. Y de nuevo la mirada inquisitiva. Supe en ese instante que la conversación iba a ser muy, pero que muy desagradable.

-Te he estado observando desde que llegaste a Fort Franklin, Christian. Por si no lo sabías, te informo de que soy abogada y que en mi oficio a veces tengo que tratar con gente que me miente o que me dice la verdad… Mi intuición me dice que escondes algo…

Dios, eso me pilló con la guardia baja. La miré sorprendido sin saber qué decir.

-¿Disculpe…?

Me miró con una sonrisa triunfante cuando vio mi desconcierto. En ese momento cruzó sus piernas y su cuerpo se relajó un poco, manteniendo su mirada imponente. Sacó una carpetita y la tiró encima de la mesa de café y mantuvimos una extraña pelea de miradas durante lo que se me hizo una eternidad… hasta que decidí tomar la carpeta entre mis manos con cuidado. La abrí y en su interior encontré varios papeles y una foto mía… la foto de mi expediente policial. Esa mujer había descubierto lo que no quería que nadie supiera, a parte de mi mejor amigo, mi abuela y Ashley. La miré asustado. Aquello podía hacer que me alejara de Ashley.

-¿Cómo ha sabido esto…? – dije con voz dura, intentando relajarme, no podía creer lo que estaba sucediendo.

-No voy a darte explicaciones. Amo a mi hija y quiero lo mejor para ella. Desde que llegaste me diste mala espina… y cuando me enteré de que Ashley empezó a salir contigo, no podía quedarme de brazos cruzados. Sabía que no me equivocaba… eres un delincuente.

-¡Esto es parte del pasado y todo tiene explicación! Se que no actué correctamente, pero era joven, aprendí la lección y ahora soy otra persona, no estoy orgulloso de ello…

-Todos los delincuentes dicen lo mismo…

-A Ashley no le importa lo que haya hecho, le importa el presente, le importo yo…

-No, no la quieres, desde que te conoce le pasan cosas malas, os perdisteis patrullando y casi llega congelada, hoy ha llegado magullada… ¡a saber qué le has hecho! ¿¡Qué será lo próximo, Christian!?

-Yo no le he hecho nada, yo la protejo, la adoro… ¡Quiero a su hija, señora Kane! LA AMO!!

-¡TU NO ERES BUENO PARA ELLA!

Se levantó furiosa gritándome y con lágrimas saliendo de sus ojos azules. Me miraba con odio. No supe contraatacar en ese instante. “No era bueno para ella…”. Esas palabras empezaron a retumbar en mi cabeza mientras observaba como la señora Kane volvía a sentarse y apretaba sus dedos con rabia en el sofá. Si ella hubiera podido me habría arrancado las entrañas.

- Hace un año tuvo un accidente. – empezó a contarme. En ese instante podía sentir su dolor y eso me dejó aturdido y sentí lástima por ella. -  Iba con su mejor amiga en el coche, regresaban del baile de la fiesta de primavera, perdió el control, se precipitaron por un acantilado… su amiga murió y ella quedó desolada… No pienso verla sufrir de nuevo, Christian. No quiero que le destroces más la vida. Aléjate de ella… no te lo voy a pedir dos veces…

Me sentí desolado por primera vez en mi vida. No podía creer que mi pasado regresara para hacerme más daño. Diane no me iba a permitir estar más al lado de su hija y eso… eso me estaba destrozando…

-Se que contigo ha vuelto a sonreír, pero… no me pidas que pase por alto algo tan grave que hiciste… Conozco a la gente como tú… y sé que volverás a hacerlo…

La miré con odio aunque sabía que tenía razón… ¿y si volvía a robar una joyería? Por cualquier causa que fuera… Me daba asco a mi mismo en ese instante. Pero ahora que había probado el cemento y el hierro de las celdas de la cárcel, ahora que conocía a Ashley, ahora que ella me había alejado del mal camino, no iba a ser tan estúpido como para cometer el mismo error. No ahora que sabía que la iba a perder en pocos días, no ahora que la necesitaba… pero ahora todo era distinto. Si Diane quería lo mejor para ella, no iba a ser yo el que se lo negara.

-No me conoces de nada… - le espeté con rencor.

No aguantaba ni un minuto más allí, así que me levanté para coger mi abrigo  y cuando me dirigía hacia la puerta, sentí que Diane me agarraba del brazo y me daba la vuelta.

-¿Es eso sangre?

No recordaba la herida y cuando me miré el costado, vi que llevaba el jersey empapado. La miré preocupado buscando rápidamente una excusa.

-Emm… si… he tenido un pequeño accidente patrullando.

La miré serio como intentando convencerla de lo que acababa de decir. En realidad si que fue un accidente, no pensaba encontrarme con Caleb, Jordan y Ethan aquella tarde y a la luz del día. Pero se ve que tienen prisa en acabar conmigo y no lo dudaron dos veces.

-Si, claro… patrullando… - dijo esas palabras lentamente mientras me soltaba y abría la puerta. – Que sea la última vez que le veo, señor Lanter.

Nada más cruzar el umbral, Diane cerró la puerta con un golpe muy fuerte, haciendo retumbar los cristales.

Ya en el jardín delantero me dejé caer de rodillas y exploté a llorar como jamás lo había hecho, me lleve las manos a la cabeza y ahogué un grito de rabia. Todo iba de mal en peor y sin la ayuda de Ashley me iba a volver loco. Sin ella no tenía sentido seguir viviendo en la otra vida… Miré de nuevo hacia atrás, y vi como Diane me observaba triste y seria y después giraba sobre sus talones y apagaba la luz tras ella. Tenía ganas de desaparecer de allí, pero con todo lo sucedido no había hecho lo más importante. Asegurarme de que Ashley estaba bien, así que, sin perder tiempo, corrí al patio trasero y trepé el árbol que daba a su habitación. Cuando mis ojos se adaptaron a la oscuridad la pude visualizar. Estaba dormida plácidamente. Abrí la ventana con cuidado y entré sin hacer ruido. Un nudo en mi garganta comenzaba a crecer a medida que me acercaba a ella. Me senté a su lado y acaricie su mejilla sonrosada. Estaba tan hermosa que dolía.

-Ashley… - sonreí con amargura mientras recorría sus facciones con mis dedos - ¿Qué me has hecho preciosa? ¿te parece bonito haberme robado el corazón?

Se revolvió dulcemente sin abrir los ojos y quedó boca arriba con su pelo revuelto y su mano descansando sobre la almohada. Me hubiera tirado toda la noche observándola de esa manera. Durmiendo feliz, sabiendo que ella pensaba en mí sin saberlo… pero debía irme y dejar que su vida continuara. Su madre tenía razón, no era bueno para ella… se merecía ser feliz con alguien que no fuera un monstruo como yo…

Me dirigí a su escritorio y cogí papel y boli y comencé a escribir mi despedida. No iba a ser definitiva porque… quisiera o no, tendríamos que vernos en el baile. Y ese momento sabía que iba a ser doloroso, porque sería la última vez que la vería.

Cuanto terminé, dejé la carta sobre su almohada. La observé por última vez, la abrigué con sus sabanas y su manta y la besé con ternura en la frente.

-Adiós princesa…

Salté de la rama del árbol al suelo cuando sentí la punzada de mi herida.

-Aghhhh!!

Me llevé la mano al costado y observé con preocupación que sangraba más que antes. Cogí el todoterreno y conduje rápido por las calles nevadas para llegar cuanto antes a casa. Aparqué pegando un frenazo. Antes de entrar en casa me cercioné de que estaría solo. La abuela tenía una reunión con unos viejos amigos en el pueblo de al lado y no volvería hasta la mañana siguiente. Bien, así podría moverme por la casa sin peligro. Preparé todo lo necesario para hacerme las curas y también un buen vaso de whisky. Aquello me iba a doler y mucho. Podría haber ido al hospital pero, debería dar explicaciones sobre lo ocurrido y decir que había sido atacado por lobos por tercera vez iba a sonar muy sospechoso. Me quité el jersey con cuidado, no sin pegar de vez en cuando unos cuantos bufidos al sentir como la tela se despegaba de la sangre reseca. Bebí un trago una vez hecho eso y continué limpiando la herida. Era muy profunda. Por un momento me mareé al ver asomar entre la carne una de mis costillas. Me apoye en el respaldo del sofá para respirar lentamente y no acabar inconsciente o vomitando. Cuando me sentí más tranquilo cogí aguja y seda del botiquín que solía llevar en el todoterreno y comencé a coserme.

-Dios… seréis hijos de…

Maldecía a esos tres malditos bastardos por haberme mordido con mala saña, pero ¿qué iba a hacer? Al fin y al cabo me tomé aquello como heridas de guerra que luciría orgulloso cuando acabara con ellos. Puntada tras puntada la herida iba cerrándose poco a poco hasta que media hora más tarde terminé y sin finuras, cogí la botella entera de whisky para terminarla. Iba a acabar como una cuba y con una resaca de mil demonios al dia siguiente, pero daba igual porque no tenía a nadie con quien hablar y desahogarme. No quería molestar a Ray y Aby, que estarían como locos buscando a Chelsea.

Ahora que estaba solo con mis pensamientos pude ver el día de mierda que había vivido. Lo único hermoso que podía conservar fue ver a Ashley reencontrarse con Aby, aunque ella no lo supiera.

Dios como la echaba de menos, y no había pasado ni una hora… No podía dejar de pensar en como iba a reaccionar en cuanto leyera la carta. ¡Qué manera más cobarde de dejarla! Me iba a odiar a mi mismo por ello…  Di otro trago a la botella y me limpie los labios con el brazo. No sabía qué hacer, ni siquiera tenía apetito… Me quedé un rato observando la luna a través de la ventana mientras saboreaba el whisky y disfrutaba de su ardor bajando por mi garganta. Era una hermosa noche de luna llena, aunque faltaba la belleza de Ash a mi lado. A lo lejos podía escuchar los aullidos de los lobos, y uno en concreto, el aullido desesperado de Aby. Me estremecía, estaba tan conectado a ella que podía sentir su dolor en mi… demasiado dolor para un solo cuerpo, hoy ya había sufrido demasiado por mi mismo y por los demás. Sentí que el dolor iba siendo sustituido por rabia… porque no podía estar perdiéndolo todo en un solo día. ¿Por qué siempre tenía que sufrir yo o mis allegados? No era justo. Y entonces recordé que detrás de todo, estaba la mano de Lorh. Esa desgraciada me estaba arrebatando todo poco a poco y no sabía el fin que se proponía. Si estaba siendo perseguido por esos puñeteros lobos era por su culpa, ellos se sienten amenazados si ella me atrapa, al fin y al cabo se están protegiendo de mí y de Lorh, y eso me inquieta. ¿Qué es lo que tengo yo para sentirse amenazados? ¿Qué es lo que ella quere de mi?

Me levanté de un plumazo y no esperé más. Cogí otro abrigo y subí al todoterreno; sin pensarlo dos veces me planté en casa de Lorh. Iba a resolver todo esa misma noche.

Rodeé toda la casa, que parecía estar a oscuras. Necesitaba entrar dentro y ver si podía averiguar algo. Pero me sorprendió ver dos habitaciones encendidas. Me escondí entre los arbustos y fui acercándome lentamente hasta una de las ventanas. Se distinguían dos figuras entre las cortinas. Así no podía hacer mucho así que, me dirigí a la puerta trasera y forcé la cerradura. Por suerte no hice mucho ruido y entré sigilosamente. Primero pase por la sala de estar, luego el comedor y a lo lejos, al final de un pasillo largo vi la puerta entreabierta de una de las habitaciones. Se oía discutir a dos personas, una era ella, Lorh, el otro, un hombre. Me acerqué y me asomé con disimulo a la puerta. Y entonces el mundo se me vino encima. En una esquina Chelsea se encontraba maniatada y amordazada, llorando, asustada… Ella me vio de inmediato e intentó gritar pero rápidamente le hice una señal para que se tranquilizara y no hiciera nada.

-Chelsea… tranquila… soy Christian. Soy amigo de tus papás… - le hablé en su mente, algo que le sorprendió y eso le ayudó a confiar en mí.

Ella me miraba aterrorizada y luego miraba a sus captores con disimulo. Vi como suspiraba y bajaba su cabeza para no mirarme. A cambio me respondió.

-¿Dónde están mis papás? No me oyen…

Se me partía el corazón verla así pero tenía que mantener la cabeza fría y hacer las cosas con calma.

-Tus papas te están buscando… Chelsea, cielo, necesito que estés tranquila, ahora no puedo sacarte de aquí, necesito ir a buscar a la manada, no podemos dejar que los malos nos descubran. Tienes que quedarte aquí un poco más…

-¿Por qué? – dijo sollozando en mi mente

En ese instante Lorh y su acompañante se dirigían hacia mí.

-Mierda!

Me escondí en otra de las estancias y esperé a que subieran al piso de arriba.

-¡Oh Patrik eres desesperante! Nadie va a darse cuenta, esa cría va a desvelarnos el secreto de esas bestias…

Cuando se alejaron volví a asomarme a la habitación.

-Tesoro, esto es un juego, no te asustes, verás tu eres una espía en esta casa… – dije para que sintiera tranquila y no hiciera algo que me descubriera, aun asi me miraba sin entender – En realidad eres como una especie de heroína, todos dependemos de ti y si te portas bien y esperas hasta que regresemos, el mundo se salvará – le sonreí

-¿De verdad? Uaaalaaa

-De verdad de la buena – Sonreí – En cuanto averigüe lo que ocurre avisaré a tus papás y te pondremos a salvo ¿De acuerdo?

-Si, jeje eres muy majo Chris

Vi como sus ojitos se rasgaban intentando sonreírme tras la mordaza que llevaba puesta y eso me tranquilizo.

-Muchas gracias preciosa, pero tienes que prometerme que no le dirás a los malos que he estado aquí…

-Palabra de lobita – me guiño un ojo y respiré tranquilo.

-Bien, yo ahora tengo que irme para avisar a tus papás, lo estás haciendo muy bien, cielo. Nos vemos pronto.

Me hizo un saludo con su cabecita y me alejé de allí para subir a la otra habitación y ver de quién se trataba ese tío que estaba con Lorh. No podía avisar a Ray y Aby de que Chelsea estaba allí o si no todo se iría al traste, lo que me tranquilizó fue saber que Ethan, Caleb y Jordan no tenían nada en contra de la manada, solo tenían miedo de lo que Lorh pudiera hacer conmigo. Pero tenía que averiguar de que tenían miedo. ¿Por qué yo era tan importante?

Llegué arriba del todo de las escaleras y me puse tras la puerta. Lorh se estaba desnudando para ponerse algo más cómodo… bueno por decir algo, más bien se estaba poniendo demasiado sexy, algo que me estaba pareciendo nauseabundo.

-Cariño, tú confía en mí y relájate… es un plan que no puede fallar, todo saldrá bien… y pronto, tu hija se librará de ese chico tan peligroso… - Puse atención a lo que decía.- Ashley es de mente frágil y se ha enamorado de un monstruo… esos licántropos no merecen existir. Son aberraciones, son antinaturales!! Cuando la última gota de sangre de Christian haya sido derramada, tendremos el virus y acabaremos con todos ellos… tú tendrás tus premios en investigación, te ganarás un puesto en el Gobierno y yo estaré a tu lado… Todos salimos ganando.

Hija de… estaba hablando de mí y de Ash!! Me asomé un poco más y cuando ví a su acompañante, la ira me empezó a consumir por dentro. Ese hombre, que abrazaba a Lorh e iba desnudándola poco a poco, ¡era Patrick! Dios santo, esto no estaba nada bien. Por eso me necesitan, por eso esos lobos no quieren que viva, para que los demás sobrevivan… Esto debía contárselo a Aby y Ray de inmediato.

Salí pitando de aquella casa de los horrores y cogí mi todoterreno para reunirme con la manada de inmediato…

-Me las vas a pagar Lorh Andrews… te lo juro por lo que más quiero, no vas a atraparme.






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